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  • Foto del escritorJairo Baltazar Dominguez

Hipótesis

Es exactamente como la ultima vez; la vi pasar y supe que era ella, llevaba los mismos aretes verdes de aquella vez…

Tengo que darme prisa.

La abuela a pesar de su escasa noción del tiempo y su arraigado catolicismo, siempre fue sabia en decir que las cosas que para algunos son pequeñas para otros podían ser enormes tesoros. Lo mismo pasaba con su comida, el café cargado de las mañanas y los pocos mechones blancos en su cabeza que el abuelo seguramente hubiera deseado antes de morir.

¿Por donde comienzo a buscar? Se que la vi pasar aquí, hace solo un día.

Aunque tal vez no viva por aquí… y ¿si solo vino de compras? ¿o habrá salido de la escuela?

Parecía conocer bien el lugar, pasó solo siguiendo su sombra; no tenía en el rostro la mirada infantil del asombro y emoción de los niños al encontrarse en un lugar nuevo, o al menos no tan frecuente.

Lo he vivido ya más de 10 veces, supongo que en realidad perdí la cuenta, de cualquier forma, me percatado de ello demasiado tarde, ¡si solo el recuerdo llegara antes!

Siempre es tarde… debo seguir buscando.


La verdad esta fecha me emociona mas que todas, hasta más que mi cumpleaños. Siento que algo increíble va a pasar esta navidad.

Lo mas emocionante de esta vez es que la nieve tapó casi todo el jardín de mamá y los árboles de mi abuelo. Mi Mamá se enoja porque sus geranios no soportan el frío y se marchitaron en un día.

Casi no me importan las plantas y todo eso de los árboles, lo mejor es hacer los muñecos de nieve con Ana y los demás, y creo que a ellos lo que más les divierte son las guerras de nieve, aunque casi siempre terminan con alguien llorando.

Mamá termina diciendo que al menos deberíamos usar guantes, porque si no nos vamos a enfermar y sin regalos antes de navidad.

La mamá de Ana me trajo unos aretes raros y grandes; mi Mamá dice que quedan perfectos con mis ojos, así que los voy a estrenar en la cena y para salir de compras.



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Día tras día, especialmente en un invierno, un hombre con sonrisa ridícula sube a la colina y permanece perfectamente quieto. Nadie habla de el, nadie espera conocerle a pesar de su notoriedad y permanencia en ese lugar.

Desde que el sol aparece con el brillo mas débil que se asoma modorro en las mañanas hasta el cansado brillo de la noche.

Dicen los del pueblo que solo ve el mundo girar. ¿Esperará algo?

En noche buena o al termino, no estoy seguro, se escucha su voz en el primer valle, habla fuerte pero no se entiende, una ocasión escuche que tiene mil lenguas.

El fuego empezó tan insignificante en el corazón de una niña. La fiebre y la gripe causaron chispas en el pequeño cuerpo y el fuego comenzó a extenderse de noche.

Chocaron los pulmones de aire helado y el virus mas tratable del momento expandió y terminaron haciendo el incendio cada vez mayor.

Los ojos, la boca escupieron fuego cual dragón furioso y la almohada de duendecillos y Santa Claus comenzaron a arder, haberse imaginado un final así en el polo norte.

El pijama, el colchón de la cama de madera, el piso que lleva a los demás cuartos, los juguetes nuevos recargados en la pared colaboraron en el incendio de un fuego que no tendría fin.

Cada cierto tiempo sobre la tierra suele suceder lo mismo. Todo el ciclo se repite de la misma manera. Uno a uno los actos de bondad y guerra van apareciendo en el momento exacto tal y como sucedió y sucederá en los próximos millones de años siguientes.

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Si esto es real y se repite cada vez que lo noto, intentare detenerlo la próxima vez, ahora es tarde y los ruidos del loco comienzan. Tendré que ir a la celebración esta noche y esperar a no notar que suceda.

Si solo pudiera recordarla…

Disfrutar el momento es lo mejor que podré hacer, beberé el chocolate caliente de la abuela, brindare por ellos, abriré y daré regalos. Tratare de no pensar en esto otra vez.


Ha venido mas gente de lo esperado, mi mamá se siente feliz con toda la familia, algo que se hace muy pocas veces en la vida, según ella.

Me he sentido algo mal todo el día; después de bañarme Ana y yo nos pusimos a hacer el muñeco de nieve mas grande de todos para adornar y ayudar un poco a mamá. Creo que por eso me he sentido mal, no use guantes como me dijeron ayer.

No voy a decir nada. Ya quiero esos regalos, es por lo único que estoy despierta hasta tan tarde.


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Después de la primera casa y de absorber manzanas y demás frutos mordidos en la noche, el fuego toma fuerza de lo vivo y ataca con velocidad inconmensurable. La calle, el barrio, los perros y sus aullidos nocturnos asustados fueron devorados por el señor de lo ardiente. El pequeño pueblo donde todos dicen no pasa nada, comienza a extinguirse en colores rojizos de muerte. Mas rápido de lo que se consumió el primer pueblo, lo hace el segundo y el tercero.

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Paseo un poco cabizbajo por mi barrio solitario pero lleno de vida y jubilo en cada una de las casas al lado del camino, la más vieja y pobre hasta la nueva diseñada por el mejor arquitecto de la región. Fumo el penúltimo cigarrillo y volteo a ver unas niñas construyendo el muñeco de nieve mas grande que halla visto. Debería ayudarles, pero no lo haré. Tiro mi cigarro a la nieve y el sonido de contraste de temperaturas se escucha dos metros mas.





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El loco de la colina vera el tiempo pasar. No buscara escondite ante el fuego y lo recibirá como si lo estuviera esperando desde hace siglos. La felicidad se nota al chocar el fuego con su indefenso cuerpo.

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Desearía no vivir tan lejos y escuchar al viejo gritando lo mismo en varios idiomas. La abuela decía que se refería al fuego eterno y la redención de los pecados que con el nacimiento del salvador también vendrían los fines para el hombre en la tierra.

Ahora que lo noto… todo tiene sentido; la niña que busco causara todo el revuelo como lo vi en mi revelación tiempo atrás. ¿será demasiado tarde?



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Las llamas se extendieron en todas las ciudades y de pronto el mundo entero ardió como las fogatas de nochebuena. El universo ardió de nuevo y nacerá otra vez. Solo queda esperar.

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Mamá se dio cuenta que me enferme. Me alejare para que no me regañe; esta mecedora del abuelo es cómoda y me haré un poco la dormida, me levantare cuando abran los regalos.

Esta navidad en la calle se decidió juntar todas las fiestas y hacer una fogata en el centro.

Loco entra a la sala, su rostro parece espantarse al ver mis aretes nuevos. Se que algo pregunta, pero no le entiendo.


Bang…


Es exactamente como la última vez; la vi pasar y supe que era ella, llevaba los mismos aretes verdes de aquella vez…

Tengo que darme prisa.


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